domingo, 21 de marzo de 2010

"EL CREMATORIO", UN POEMA DE MI LIBRO "CALOR" (VISOR, 2008)



EL CREMATORIO



Les pregunté por el horno a aquellos dos tipos,
era la noche del 18 de diciembre del año 2005,
carretera de Monzón, que no sabes dónde está Monzón,
es un pueblo perdido en el desierto.
Aires de tormenta en lo Alto, sobre la nada desnuda
como una recién casada, luna abajo de las carreteras muertas.
Monzón, Barbastro, mis sitios de siempre.
Me dejaron ver por la mirilla y allí estaba ya el ataúd ardiendo,
resquebrajándose, la madera del ataúd al rojo vivo.

El termómetro marcaba ochocientos grados.
Imaginé cómo estaría mi padre allí dentro de la caja.
Y la caja dentro del fuego y mi corazón dentro del terror.
Hasta las ganas de odiar me estaban abandonando.
Esas ganas que me habían mantenido vivo tantos años.
Y mis ganas de amar, ¿qué fue de ellas? ¿Lo sabes tú,
Señor de las grandes defunciones que conduces
a tus presos políticos a la insaciabilidad, a la perdurabilidad,
a la eternidad sin saciedad, oh, bastardo,
Tú me arrancas,
amor de Dios, oh, bastardo?

Recoge a ese hombre en mitad del desierto.
O no lo recojas, a mí qué puede importarme
tu presencia heladora en esta noche del borracho
que he sido y seré, contra ti, o a tu favor,
es lo mismo, qué grandeza, es lo mismo.
El principio y el final, lo mismo, qué grandeza.
El odio y el amor, lo mismo; el beso y la nalga,
lo mismo; el coito esplendoroso en mitad de la juventud
y la putrefacción y la decrepitud de la carne,
lo mismo es, qué grandeza.


El horno funciona con gasoil, dijo el hombre.
Y miramos la chimenea,
y como era de noche,
las llamas chocaban
contra un cielo frío de diciembre,
descampados de Monzón,
cerca de Barbastro, helando en los campos,
tres grados bajo cero,
esos campos con brujas y vampiros y seres como yo,
“allí sube todo”, volvió a decir el hombre,
un hombre obeso y tranquilo,
mal abrigado pese a que estaba helando,
la espesa barriga casi al aire,
“dura dos o tres horas, depende del peso del difunto,
dijo difunto pero pensaba en fiambre o en saco de mierda,
antes hemos quemado a un señor de ciento veinte kilos,
y ha tardado un rato largo”, dijo.
“Muy largo, me parece”, añadió.

“Mi padre sólo pesaba setenta kilos”, dije yo.
“Bueno, entonces costará mucho menos tiempo”,
dijo el hombre. El ataúd ya eran pepitas de aire o humo.

Al día siguiente volvimos con mi hermano
y nos dieron la urna, habíamos elegido una urna barata,
se ve que las hay de hasta de seis mil euros,
eso dijo el hombre.

“Sólo somos esto”, sentenció el hombre de una forma ritual,
con ánimo de convertirse en un ser humano, no sabiendo
ni él ni nosotros qué es un ser humano,
y me dio la urna guardada dentro de una bolsa azul.
Y yo pensé en él, en lo gordo que estaba, en cuánto tardaría él
en arder en su propio horno. Y como si me hubiera oído
dijo “mucho más que su padre” y sonrió agriamente.

Entonces yo le dije “el que tardaría una eternidad
en arder soy yo, porque mi corazón
es una piedra maciza y mi carne acero salvaje
y mi alma un volcán
de sangre a tres millones de grados,
yo rompería su horno con solo tocarlo,
créame, yo sería su ruina absoluta,
más le vale que no me muera por aquí cerca”.
Por aquí cerca: descampados de Monzón,
caminos comarcales,
Barbastro a lo lejos, malas luces,
ya cuatro grados bajo cero.

Coja las cenizas de su padre, y márchese.

Sí, ya me voy, ojalá yo pudiera arder como ha ardido
mi padre, ojalá pudiera quemar
esta mano o lengua o hígado de Dios
que está dentro de mí,
esta vida de conciencia inextinguible
e irredimible;
la inextinción del mal y del bien,
que son lo mismo en Él.
La inextinción de lo que soy.

Ojalá su horno de ochocientos grados quemase lo que soy.
Quemase una carne de mil millones de grados inhumanos.
Ojalá existiera un fuego que extinguiese lo que soy.
Porque da igual que sea bueno o malo lo que soy.
Extinguir, extinguir, extinguir lo que soy, esa es la Gloria.

Coja las cenizas de su padre, y márchese.
No vuelva más por aquí, se lo ruego, rezaré
por su padre. Su padre era un buen hombre
y yo no sé qué es usted, no vuelva más por aquí,
Se lo ruego. Por favor, no me mire, por favor.

Tuvo un Seat 124 blanco, iba a Lérida,
visitaba a los sastres de Lérida y a los de Teruel,
comía con los sastres de Zaragoza,
pero ahora ya no hay sastres en ningún sitio,

dijo una voz.

Qué solo me he quedado, papá.
Qué voy a hacer ahora, papá.
Ya no verte nunca es ya no ver.
Dónde estás, ¿estás con Él?
Qué solo estoy yo, aquí, en la tierra.
Qué solo me he quedado, papá.

No me hagas reír, imbécil.

Oh, hijodeputa, has estado conmigo allí
donde yo estuve, sin moverte de las llamas.
He viajado mucho este año, mucho, mucho.
En todas las ciudades de la tierra, en sus hoteles memorables,
y también en los hoteles sucios y bien poco memorables,
en todas las calles, los barcos y los aviones,
en todas mis risas, allí estuviste, redondo
como la memoria trascendental, ecuménica y luminosa,
redondo como la misericordia, la compasión y la alegría,
redondo como el sol y la luna,
redondo como la gloria, el poder y la vida.


.......................................

MV, Calor, Visor, Madrid, 2008.
Nunca he leído este poema en público.

14 comentarios:

Fernando dijo...

muy bien hermano..un abrazo.

RW dijo...

¿Y cuando piensas leerlo? Espero que pronto y en Barcelona, sabías que eras el mejor, el mejor de los hombres y aún así, no lees tus poemas a tantas personas que quisieran escucharlos. Camina hacia ellos, con tus patrocinadores de Madrid o mejor de Barcelona, tus poemas arden a mil grados en nuestros cuerpos, eso ya no se va, como la conciencia inextinguible, el mejor y no me canso, el mejor y no es adulación ni adoración, no podríamos estar más postrados.
Un beso o dos o mil, tanto dará. camina hacia los que te necesitan, Manuel, camina.

pepe montero dijo...

Viva Vilas de pe a pa.

Céfiro dijo...

Te equivocas Manuel. Si no recuerdo mal, lo leiste en Granada el año pasado. Alguien del público te pidió que lo hicieses durante una lectura en el Palacio de los Patos para el ciclo "Poesía en el palacio". Dijiste que no lo habías leído nunca en público y que te costaba mucho. Pero al final lo hiciste.
Y fue emocionante.
Un saludo.

O. dijo...

Mi madre es de Monzón. Yo soy de Lérida. Creo que compraré tu libro.

Anónimo dijo...

Salvaje, brutal, hermoso!!!!!!
Increible que no lo conociera.

Griselda García dijo...

Genial. Felicitaciones.

Dr. J dijo...

Blazón! y grandes joyeles/
decoran los anaqueles. Risas de niño/ traen la enumeración caótica/
el lait-motiv condensado y un aire/
novísimo desde Cuenca hasta Villena
Dr.J.
Enhorabuena, no lo leas mucho

Dr.J dijo...

¿No le avergüenza compartir catálogo en Alfagurara con sociatas capicúas como R.M. y M.R. ? ¿Cómo puede Fernández Mallo siendo físico aguantar las banalidades sobre neutrinos y quarks?
enhorabuena por A.N.

Anónimo dijo...

De repente vuelves a ser tú. Y te reconozco. Y te veo por debajo o por encima o sobre todos los comentarios que no comprendo. Te miro mientras caminas por delante de nosotras, hace unos veinticinco años, tan solo, tan agerrida e irremediablemente solo. Tu poema me conmueve, tu soledad de siempre, tu oscuridad, que sólo es luz con la palabra escrita en sangre, me conmueven. Me haces llorar cabrón, y te lo agrdezco.

Manuel Vilas dijo...

¿quién eres? ¿nos conocemos? hablas de hace 25 años. escribeme a mvilasv@ono.com

la chica de las biscotelas dijo...

me ha parecido brutal... uffff!

Anónimo dijo...

Manuel.
Asistente al encuentro del aula de poesía en Almería (21/02/2011)

Me pareció fabulosa tu lectura, tu cercanía y tu forma directa y honrada de contar.

Gracias por el encuentro y gracias por compartir con nosotros este poema lleno de sentimiento, que no sentimentalismo.

Al llegar a casa comenté a mi pareja: si asistieras a encuentros como este tu gusto por la lectura sería superior a tu gusto por la ropa.

Encuentros de este tipo fomentan la lectura.

Nieves dijo...

Muchas ideas y sentimientos impresionantes ante el siempre impresionante momento de la muerte, pero¿es esto un poema? Así se escribe una bellísima página de un diario en prosa y te deja tres días pensando, pero ¿es esto un poema? Pues no porque al huir de toda formay corsé en su deseo de ser libre se hace reiterativo como loson los propios pensamientos y divagaciones.... me gusta de la poesía clásica:el soneto que te obliga a ser conciso. El gran milagro del poeta es decir en pocas líneas lo que sus pensamientos deseos ensoñaciones y penas le dictan, en un maridaje exacto con la palabra más nueva y eficaz y no divagar como hacemos todos una y otra vez haciendo rodar nuestra obsesión,en una noche de insomnio.