domingo, 13 de diciembre de 2009

LA HORMIGA ATÓMICA




Fui el niño más feliz de España. Adoraba a aquellos seres de la pantalla, mis hermanos ardientes. Comenzaba la democracia y todos veíamos lo mismo. Los sábados por la tarde yo le hablaba a Mazinger Z. Yo creo que fui uno de los primeros niños estresados de España. Un pionero del estrés infantil. Descuartizaba mi estrés con la televisión. Nunca leí literatura infantil. Pasé directamente de ver la Abeja Maya a leer a Baudelaire. Me vi viviendo con Heidi en las montañas suizas, con ese abuelo tan extraterrestre que tenía Heidi. Imaginaba ya de niño cómo sería el dulce olor corporal de Heidi, soñaba con darle un beso en la boca y casarme con ella. En mi imaginación Mazinger Z y Heidi desactivaban mi “tedium infante”. Hasta la abeja Maya tenía algún extraño encanto para un niño como yo: era suave y absurda. Me gustaba que una triste abeja tuviera cara humana. Pero el ser más inclasificable era la Hormiga Atómica. La Hormiga Atómica era una criatura monstruosa, una criatura mutante, un ejemplo de la inestabilidad física de la materia. Sólo podía competir con ella la Pantera Rosa. La deficiencia mental de la Pantera Rosa me abrió las puertas de la dialéctica. La Pantera Rosa me enseñó la indolencia y la ambigüedad. Todos eran mis hermanos, seres muy adorables. Cómo los echo de menos. Vivir sin ellos ha sido horrible. Ha sido oscuridad y decadencia.
Me pasaba la vida viendo la emancipación sicodélica de los animales: estaba el delfín Fliper, que era completamente inverosímil, pero yo me creía todas sus santas hazañas. Fliper era un pez sagrado. Era un arcángel, era teología marina. Si Kafka hubiera visto al delfín Fliper por la tele, ¿qué hubiera hecho? Vaya pregunta: hubiera flipado. Yo no salía de mi asombro: que tu amigo del alma fuera un pez me abría un horizonte de monstruosidades emocionales que luego la vida acabaría de redondear de forma prodigiosa. Eso era Fliper: un aviso de que no descendemos del mono sino de los peces. Mi madre no tuvo muchos problemas para hacerme comer truchas, besugos y merluzas. Comerme a Fliper era una forma secreta de disolución del orden moral. También me apasionaba el caballo Furia, con su enigmática y terrorífica inteligencia. Pero yo era un niño ocurrente y despabilado y sabía que los animales huelen mal. Fliper tenía que oler a pescadería y Furia a establo. Y el abuelo de Heidi a vejez y ancianidad.
Y luego estaba ese desgraciado de Marco, buscando a su madre por medio mundo, que me daba una pena horrible. Ya no me acuerdo de a quién buscaba si a su madre o a su padre, podría aclarar este extremo en google, pero quiero ser fiel a mi desmoronada memoria. Buscaba a su madre, claro, ahora me acuerdo. Marco se hacía acompañar de un mono chulísimo, un mono de diseño metido en un zurrón de Zara. Marco era un luchador. Un visionario. Buscaba el origen de su identidad. Marco era un hippy. Y también me acuerdo de Vicky el vikingo, éste nunca me cayó bien, me parecía un hortera. Además, al ser vikingo, cabe deducir que fuese anglosajón y que hablase en inglés, y que incluso fuese pelirrojo, aunque siempre se adornaba con un casco de plástico con dos cuernos de Osborne. Y estaba un tipo que se llamaba Orzowei, que era una especie de Tarzán adaptado a los años setenta. Llevaba un arco casi de diseño. Era muy mono y muy rubio. La canción de Orzowei decía “Lucha por tu existir/ antes de que llegue el fin”. También me gustaban los payasos. Me gustaba Fofó. Era tan pequeño como la Hormiga Atómica. En realidad, Fofó era el padre de la Hormiga Atómica. Tenían el mismo ADN. De Pipi Calzaslargas no quiero acordarme mucho, porque era una niña demasiado compleja para mí. No entendía sus aventuras filosóficas. Y me daba la sensación de que Pipi no se duchaba. En cambio, la Hormiga Atómica olía, como Fofó, a Varón Dandy. Mazinger Z olía a aceite industrial. Mazinger era la buena nueva de la tecnología. No era humano y no tenía ADN. Cuántas veces he sentido nostalgia de sus puños voladores. Mazinger Z revolucionó la técnica del puñetazo televisivo. Inventó el puñetazo virtual, o inalámbrico, o cósmico. Cuántas veces no habré dicho “puños fuera” intentando acabar con el Mal de un golpe maravilloso y lúcido.
La verdad es que me encantaba toda aquella gente, los peces, las panteras, las abejas. Todas aquellas criaturas me protegían del mundo. Custodiaron mi infancia, porque la infancia debe ser custodiada. Llevo sangre de la Hormiga Atómica por todo mi cuerpo como Juan Manuel Serrat lleva encima la luz y el olor del Mediterráneo. La Hormiga Atómica cambió mi vida. Su casco blanco, sus patas más finas que el aire, su rostro alegre, su forma indiscriminada de hacer el bien, todo eso va en mí. Llevo a la Hormiga Atómica en toda mi alma. Ella era mi novia secreta. No tenía pechos, qué bien. No era hermosa, porque era el Bien Absoluto. Era abyecta y tonta. Era una gran invención, ella era como es hoy mi alma: discreta, sencilla, humilde, asexuada, indestructible, monstruosa. La Hormiga Atómica es el Alma. Desde entonces, mi vida es compleja. Algún día no muy lejano yo sé que el ascetismo visionario de la Hormiga Atómica regresará a España. Y yo viajaré con ella, y nos exhibiremos en los teatros de España. Te quiero, guapa.
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Artículo de MV, aparecido en ABCD, 12-12-09.

4 comentarios:

paula dijo...

Querido Manuel, excluir a Afrodita de nuestra infancia ha sido un acto que, me temo, debería ser reparado. Creo que se convirtió en un personaje visionario para todas las niñas de ese momento, no sé si me explico, saber que un día podríamos matar con nuestros pechos nos trajo el morbo por el futuro, y puede que también, nos hiciera querer crecer antes de tiempo.

o no

Eso sí, a mí me hizo tan feliz como a ti la hormiga atómica, o Mazinguer Z, el más grande de todos los tiempos

Gloria dijo...

Me ha encantado tu Hormiga Atómica. Eres el mejor Manuel Vilas.

latiniparla dijo...

Y no olviden mineralizarse y vitaminarse¡ LA HORMIGA ATÓMICA. Aquellas palabras las tengo grabadas en el corazón, para mí lo de mineralizarse estaba unido a las famosas espinacas de Popeye -al que no nombras - y en mi conciencia de niña los minerales (alimenticios) no sabía muy bien qué era aquello, eran algo así como un elixir mágico que te dotaba de fuerza extraenergética capaz de eliminar a los malos, a todos los malos.

Comparto todos los personajes que nombras en el post e incluso la visión trágica y agónica de MARCO ¡qué pesado¡ Pero ¿a dónde demonios se había ido su madre? Ni qué hablar de Mazinger Z mi héroe entre los héroes, y ahora aprovecho para reveindicar algo que me dolía profundamente: ¡Era horrible que Afrodita se quedara sin pechos, o sólo con un pecho cuando atacaba¡ ¡Qué imagen tan horrorosa¡, pero ¿por qué no podía pegar con los puños como Mázinger?, ¿era necesario castrarla? Lo siento nunca me identifiqué con esa Afrodita con un sólo pecho a la más mínima,¡qué manía con castrar a la mujer¡ Mi héroe era Mazinger y Koji Kabuto.

Un saludo

azul dijo...

Hola Manuel, uy.. pensaba que no encontraba esta entrada... ya casi pensaba que lo había soñado...

Esta tarde he pasado por Women' secret y está todo lleno de la hormiga atómica, te lo tenía que contar :). Hay sujetadores, bragas, tangas, camisones, zapatillas... Lo que no sé es si habrá algo para hombre ¿? Te paso el link: http://womensecret.com/Store/Products/T3/Collection/LotsOfFun/AtomAnt/Default.aspx

Muchos besos,

paloma