miércoles, 14 de abril de 2010

ALMORAIMA GONZÁLEZ ESCRIBE LA PRESENTACIÓN DEL CUADERNO-ANTOLOGÍA EDITADO POR EL "CENTRO CULTURAL GENERACIÓN DEL 27"


(foto: Almoraima González)




(foto: cubierta del cuaderno)


"Sí, como lo oyes, Amor"






El poeta que leemos en las páginas de Calor (2008), último poemario publicado por Manuel Vilas hasta la fecha, es alguien que ha evolucionado con paso firme desde los primeros títulos. A partir de El cielo (2000) ha ido abandonando progresivamente el tono moral que se advertía en aquellos —de una gravedad cercana al Cernuda más crítico— hasta llegar a manejar con absoluta maestría el sarcasmo, la ironía y el desapego. Vilas ha querido tomar distancia de la materia poética, ha necesitado alejarse de todo lo que estaba por criticar para poder hacerlo con la irreverencia y la fuerza con que ahora lo hace. Ha incorporado referencias inmediatas y contemporáneas a sus poemas (los McDonald´s, su propio coche, las camareras, las calles de Zaragoza) y ha encontrado en la narratividad su mejor aliado.

Me parecen muy significativos los motivos que se repiten en poemarios y novelas (el nadador, los coches, los grandes del Rock y de la Literatura, o los hoteles) que ya son marca de la casa y que llegan a convertirse en potentes imágenes mentales. Quiero decir que son imágenes que tienen la capacidad de llegar a nuestra mente sin pasar por los sentidos. Y así, la urgencia, el torrente del discurso, la ira a veces, la asociación de contrarios, ensartan las historias que cuenta Vilas en sus poemas, en un marco casi onírico:

[…] Demonio y fortaleza, eso me hice tatuar, y estuve un domingo en/ Madison,/ en el mercadillo, y allí un chino me hizo un masaje por diez/ dólares,/ y luego me hizo un tatuaje en el cuello por doscientos/ y le escribí en un papel lo que tenía que poner, y el chino sonreía/ y decía don´t worry, y me hice marcar, como te digo, esas dos/ palabras,/ demonio y fortaleza, y luego me comí una sandía entera y me/ dolía el cuello,/ y estuve paseando por Madison y me compré un Patek Philippe/ falso también./ Y por la noche, la noche ruidosa de Times Square, en mi/ habitación del Milford,/ puse a dormir juntos al Omega y al Patek Philippe,/ besaos hermanos baratos, hermanos en la falsedad,/ en la barata falsedad,/ ya era hora de que tuviese/ un Patek Philippe, eso pensé,/ y dije besaos, otra vez, y allí estaban los dos,/ ese montón de acero made in China […]

El yo creado por Vilas, que no es Vilas, es un personaje hedonista y que, como muy bien ha visto ya Vicente Luis Mora, sólo encuentra calma para su furia en el amor fugaz y en lo material. Un ser provocador que consume con desasosiego lo que el mundo ofrece, y que lo hace no sin agresividad. Un personaje sin esperanza, que desea con desmesura, que está quemando cartuchos porque el tiempo juega en su contra y porque esto–es–lo–que–hay, no hay más. No es que sea un conformista, es que no cree en nada más allá del goce al alcance de su mano, que lo es todo, en este caso.

Mientras el monólogo fluye rápido y los poemas juegan a la salmodia, a los “ritornellos” de carácter narrativo (donde aparece el sentido del humor de la voz del poeta), crece la tensión entre el yo del autor y las cosas representadas. Algo hay aquí que me hace pensar en la representación deformada de la realidad de la que habló Italo Calvino en sus propuestas para el próximo milenio (que es éste nuestro, ahora): parece que cuanto más se deforma el mundo bajo sus ojos, más se comprometa y se perturbe “el self del autor”.

Lo crítico y lo civil permanecen constantes en su obra, pero con un gran cambio en las tonalidades: su voz próxima al realismo sucio americano da, cómo no, un aire diferente a su mundo y sus poemas, donde reina lo mordaz en el análisis. Sigue habiendo melancolía y desengaño, pero percibimos un efecto distinto y todo se hace más verosímil y esto es, sin duda, porque ha encontrado la manera de decirlo. No en vano, el poeta elige títulos aparentemente secos, de una sola palabra casi siempre (como ha hecho también en esta pequeña selección que sigue) que adquieren un sentido absolutamente sarcástico al ver en qué consiste el mundo que mira y nos hace ver.

Su poesía se nos hace cercana, porque lo que el aragonés denuncia, nos toca de cerca; porque podemos asentir. Vilas hace poesía social del siglo XXI en el siglo XXI, que no necesita mirar atrás para encontrar las situaciones más injustas y dolorosas. La voz de Vilas es genuina, absolutamente reconocible y única. Su ritmo, su tono coloquial, los guiños, sus “clásicos” recurrentes, esa familiaridad de los que saben que hablan de lo mismo, crean un mucho de adicción, les advierto.
ALMORAIMA GONZÁLEZ

7 comentarios:

Vorte-x dijo...

El mejor, es cierto, cuando ya sólo queda como bien dijo él mismo, celebrar el acto de estar vivos. Pasaré a leerte con tiempo esta noche, te recomendaré a unas cuantas personas que quizás necesiten leerte para entender ciertas cosas.

Anónimo dijo...

Oyesss, Vilas: ¿la de abajo es la foto de tu nuevo poemario? tendría sentido ¿no?. Tu apellido en un rincón... el título en el otro... la V como arbitro en el centro... las palabras en el cuadrilátero...
No sé, no sé, pero, ahora mismito, me viene a la cabeza un ring de boxeo. Me gusta.

Las palabras de Almoraima..., también.

Bs

Vorte-x dijo...

Ah, ya publicitarás el día de la venta de éste último.

Manuel Vilas dijo...

no es un libro nuevo, es una plaquette con poemas de mis libros ya publicados, editada con motivo de mi lectura en Málaga

Anónimo dijo...

Ok, Vilas, debe ser que son las ganas de leer tu Amor, aunque la lectura de ésta plaquett será un entrante exquisito.

Bs

Anónimo dijo...

Estaba errada entonces porque pensé que publicabas un nuevo libro o poemario o ambas cosas con ese título.Hoy leí una pintada en un muro que decía: desde que te conozco, amor, soy la mujer más triste de la tierra, tan triste, que ni siquiera recuerdo cómo llegué hasta ti.
Leo a JF Ferré, qué maravilla, qué visión más aguda, un mapa cognitivo, sí, ya lo creo.Hoy he empezado La fiesta del asno, Providence es espectacular.

Anónimo dijo...

La verdad, no acabo de entender la poesia; un arte ejercido por muy pocos y sólo apreciado por muchos menos.