jueves, 7 de febrero de 2008

MADEROS



Me pregunto quién instruye a la policía municipal de Zaragoza porque no me gusta nada el carácter fiscal de esta policía. No me gusta el encargo que tienen de recaudar dinero, de machacar un poco más a la clase media zaragozana, de levantarle unos cuantos euros cuando está desprevenida y contribuir así a su desesperación económica. Cuando vas a llevar a tu hijo a clase de guitarra, o al abuelo al ambulatorio, y no hay ni aparcamiento ni párquings, allí están ellos, esperando que aparques diez minutos en doble fila para triturarte 90 euros. Coge un taxi para llevar a tu hijo a clase de solfeo. Al abuelo llévalo con grúa porque no quiere gastar en taxi, pobre abuelo, ¿dónde se ha visto ir al ambulatorio en taxi? No hay otra forma de ir, abuelo. No supieron hacer un Metro, pero sí darles instrucciones precisas a los policías. No me gusta esta policía porque estresa sin necesidad. El estrés es una forma refinada de represión. Me topo a esta policía en sitios estrafalarios, por ejemplo: multando a un coche viejo que está mal aparcado un domingo a las nueve de la mañana en una calle inhóspita y vacía del Actur, cerca de unas viviendas sociales. La calle horrible, fea, y el coche multado. Todos sabemos que Zaragoza es una ciudad cuyo transporte público es insufrible. Que no hay párquings suficientes. Que no hay plazas de aparcamiento. Padecemos una cultura urbanística basada en la inmovilidad del peatón y en la presencia machacona de los chalecos fluorescentes de los sherifs municipales con sus glamurosas gafas de sol. Centros Comerciales (es lo único que está bien comunicado), escasos autobuses y abundante policía. Mejor que la gente no viaje por dentro de su ciudad, que no la conozca. Hacer de la ciudad una entidad incomunicable, un monstruo intransitable. No hay más cultura urbanística que la de los Centros Comerciales: meter el coche dentro y salir a la nada maravillosa.
------------------------------------------
Columna de MV publicada en "Heraldo de Aragón", 6-febrero-2008

18 comentarios:

Salvadoc dijo...

En Estados Unidos hay muchas ciudades con barrios sin aceras. Directamente no existen los peatones. En Z seguramente existan, maltratados como en todas las ciudades modernas. En Madrid se inventaron hace años la figura del "agente de movilidad", chicos postadolescentes con uniforme y gorra tipo beisbol encargados de las faenas puntillosas que cuentas y con ganas de bronca, muchas.
Quizás si nos vistieramos de obispo tendríamos menos problemas.

pepe montero dijo...

¡Ay!, pero ahora son mujeres policías las que te multan.
Una madrugada, ligué con una en el nuevesieteseis. De porte distinguido y ademanes lánguidos. Tenía un gran parecido con Paulina Rubio. Más tarde en la cama, me donó todos sus órganos desinteresadamente. Al día siguiente, aparqué mi Volvo en doble fila en Grancasa y cuando salí, me dijo: "¿Te acuerdas de mi, hijo de perra?. Sin maquillaje, toda uniformada y fuera del somier no la conocí, pero era ella, la del nuevesieteseis. De nada sirvió que le recordara los seis orgasmos que había obtenido conmigo. Nunca 90 eurazos de multa, me habían dado tanto gusto.

Anónimo dijo...

Los centros comerciales son los grandes museos del siglo XXI. Un centro comercial es el Prado, qué coño, es el Louvre, el British museum. Allí están todos los trofeos imperiales, las nuevas catedrales. El centro comercializa las afueras y vacía el núcleo urbano de las ciudades. Ya ha pasado en EEUU, en el kilómetro cero no hay nada, un descampado, un vagabundo, un miserable meando hacia el siglo XIX, pobrecillo. Y en cambio, en el extrarradio, el nuevo comercio rebautizado como centro. Luces gratis, perritos calientes a cambio de calderilla, música ambiente sin necesidad de gastar en el gramófono. Y merodeando, los agentes del orden, impolutos, serenos, impertérritos. El síndrome de Stendhal acecha en el centro comercial y el policia será quién nos salve del desmayo. Los necesitamos ahí, siempre dispuestos a redistribuir nuestro dinero entre los más vulnerables. Eso son las multas: más hospitales, más servicios sociales, más planes urbanísticos para construir más centros comerciales, necesitamos picassos, y eso se paga con la recaudación. Y son justas las multas, quien viola la ley, paga. Eso es justicia. Quién viola ley paga para que se construyan más centros geríatricos, para que las comisiones de los políticos den para más arroces con bogavante, más putas, más vida al fin y al cabo, la vida del nightclub, la nueva civilización del centro comercial.

doberka dijo...

Que razón llevan tus palabras, Manuel, ya te lo dije ayer es un articulo muy bueno, como todo lo tuyo.
Aquí ya tuvimos bastante movida con un grupito de agentes que vinieron desde Madrid para hacer “prácticas” y se pasaron de “listos” con los chavales. Al final los dejaron tranquilos, pero tuvieron que mediar los padres y la policía de la zona. Imaginate la cara que se me quedó a mí cuando comprobé que, por lo menos, en la mayoría de los casos sus quejas eran razonables. Con el trabajo que me costó hacerle entender a mi hijo, que su deber era respetar a los agentes, porque estaban para velar por la seguridad ciudadana. Ahora explica a tus hijos semejante comportamiento ( no hablo de los hechos por respeto a los chavales que sufrieron por tal causa) de unos agentes que se suponen que deben estar entrenados para proteger el orden. No digo que haya que meter a todos en el mismo saco, gracias al cielo, pero algunas veces, dejan mucho que desear.
Oye, Pepe: no es por incordiar hijo, pero si tan satisfecha dejaste a esa mujer policía, no me explico tan. . . cariñoso adjetivo. No será que el único satisfecho fuiste tú?? Je,je,je. (besos y no te mosquees. . . que es coña, je,je,je)
Muchos, pero que muchos besos, MVV.

Javier Torres dijo...

A mí me gustarían más unos palos bien daos... y gratis, como en los viejos tiempos.

Una multa de las de ahora te jode la moral, te lleva el jornal, y si te quedas sin puntos te inhabilita(*) para siempre.

Me he llevado el post a mi casa

Saludos

*Soy transportista.

pepe montero dijo...

Claro, doberka, es lo que me mosqueaba a mi también. Que agudas que sois la tías, ¡leche!

doberka dijo...

Javier, tampoco es eso, que los palos hacen PUPITA. Y no creo yo que convertir Z en el oeste americano sea la solución. Lo que pienso es que, Manuel, tiene razón: lo del problema de aparcamiento es bastante grave y si estuviera resuelto,(ya sé que no es tarea fácil) seguramente no habría tantan infracciones y los agentes se dedicarían a otros menesteres. No a sacarle los cuartos al ciudadano de a pie mejor dicho, de a ruedas, je,je,je.

Jooo!!! ya te has mosqueao, Pepe, mira que eres agudo tú también. Y eso que he avisado que era coña...bueno, ya se te pasará, que tienes imaginación para eso y para parar siete trenes, je,je,je.

doberka dijo...

P.D. Ya sé que no soy muy agudica, pero no hacía falta que metieras a todas las feminas en el mismo saco, Pepe,OK?. Besos para tí y para Javier.

Aisss, Manuel,se me olvidaba (ya lo sé...imperdonable) mandarte mii besos, MVV.

Carla Badillo Coronado dijo...

Manuel, es la primera vez que visito tu espacio, y créeme...no será la última.

Bien lo dices: "No me gusta esta policía porque estresa sin necesidad". Aunque por mi parte diría: que de por sí, a mí me estresa que exista la policía.

Un abrazo desde la mitad del mundo,
Carla.

nombrame.com dijo...

Hacía tiempo que no vositaba el blog de Manolo, y me ha invadido una rara sensación familiar. No porque me haya resultado conocida, sino al contrario, porque parece ser el blog de una familia de las llamadas por la opinión publicaca "tradicional". Eso tiene cosas buenas y muy malas. De las primeras no hay que hablar, ya se ve lo a gustito que están los comentaristas oficiales en torno al fogón que el de barbastro les enciende. Las malas, que nunca me han gustado las familias de los demás, como tampoco las casas de los demás. Si a alguno de los que ya están dentro les entra el mismo vértigo que a mí va listonto, hasta dentro de treinta y tantos no se va uno de ninguna casa.

nombrame.com dijo...

Respecto a Manuel, que me solvidaba, así reza el alumnado, ya sabes hijo mío, la familia como al mal lector no se lo elige, será con g o con j....

carlos dijo...

Estoy en contra de las multas. No sirven para nada. Todos los días se ponen millones de multas y el mundo sigue enfermo. Lo que habría que hacer es disparar a los que hacen mal las cosas. No se puede consentir que las cosas se hagan mal. Si aparcas en doble fila, un trozo de plomo en el cerebro. Si tu abuelo se mea mientras espera a que le atiendan en el hospital, un trozo de plomo en la vejiga. Si tu mujer quema el filete, un trozo de plomo en las varices. El plomo es el oro de la urbanidad. Es un metal alquímico. También es simple y cruel. Igual que la Naturaleza. Muy cruel. Mucho. Nosotros no podemos negar la Naturaleza. Lo mejor es disparar. Siempre. Disparar incluso cuando las cosas se hacen bien pero sin alegría. Hay que hacer las cosas con alegría. Y bien, por supuesto. Y si no, un trozo de plomo.

Anónimo dijo...

El problema del plomo es que no diferencia entre pobres y ricos. Las multas sí, sólo quien tiene dinero puede pagarlas. Llevamos siglos intentando combinar la belleza y la eficacia, acercándones al gran equilibrio. El plomo es hermoso pero es sumamente ineficiente. La multa es el término medio, el gran avance del Estado moderno, junto a la teoría del órgano y la filosofía de la deconstrucción. Oh, where have you been, my blue-eyed son? Oh, where have you been, my darling young one? Se trata de la vida. Yo, como Don Mariano, apuesto por la vida. La bala mata, la multa llena las arcas del erario público, redistribuye la riqueza, domina a la naturaleza, nos acerca a la humanidad.

Anónimo dijo...

Zeta está llena de maderas, más que de maderos. Las maderas son muy guapas. Tiene razón pepe montero.

pepe montero dijo...

Doberka, te juro, nena, que no sólo no me he mosqueado sino que te agradezco el guiño, pues lo interpreto como un saludo, y los tuyos siempre son elegantes,respetuosos y cariñosos. Respecto al "hijo de perra", es la típica exclamación emocional que dirige una buena agente de vagina policial reglamentaria a alguien que va armado con una Smith & Wesson M27 de cañón largo,y que pegó un gatillazo en el séptimo orgasmo.

doberka dijo...

Jaaaja. . . esta si que es buena, Pepe, acabo de darme cuenta: soy más petarda de lo que ya pensaba. Ahora si que está claro, no soy de este mundo. Ignoro tantas cosas que me da miedo pensar, como dicen en la canción, Miguel Bosé y su sobrina, “que va a ser de mí” cuando tenga que apañármelas con el resto del mundo que hay ahí afuera.
Bueno, supongo que ya aprenderé, no todo, claro, pero lo suficiente para no pegar estos ridículos patinazos, je,je,je.
Gracias Pepe por la aclaración, ahora lo entiendo. Y gracias: igualmente digo de tus saludos, idem de idem.
Besos para todos, para ti, y para Manuel, que os lo debéis estar pasando de lo lindo conmigo. Hacéis bien, pero que muy bien. Creerme yo también lo hago.

Anónimo dijo...

En Isla Cristina es el problema contrario: los conductores hacen lo que les sale del nabo; aparcan en doble, triple y cuádruple fila; se paran en mitad de la calle a hablar con un colega mientras los demás estamos detrás esperando a que sigan circulando; ni Dios respeta un paso de peatones; nadie usa cinturón de seguridad; los motoristas no conocen el casco y montan cuatro en una moto... Eso sí: la policía es igual que en todas partes y te multan en cuanto aparcas en una raya amarilla intermitente aunque no estorbes a nadie. Sólo no multan a los de la triple fila. Ufff... Es lo de siempre, en todos los casos: la gente jodiendo a la gente sólo por el gusto de joder a la gente.
Un abrazo.
JLP
PS: Me ha gustado el ejercicio de ciencia-ficción de Montero. No dice cuándo lo soñó.

carlos dijo...

La policía tiene que multar. Es su trabajo. Pero tienen que hacerlo con alegría. El código deontológico es claro a este respecto: "crueldad + alegría + gafas de sol de espejo". Si no respetan el código, ya saben lo que les espera: un trozo de plomo. Por eso siempre sonríen parapetados tras las enormes rayban, mientras anotan secuencias de números y letras en sus libretas negras.